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El respeto hacia nuestros hijos

Partiendo de que respetar es tratar a alguien con la debida consideración, en ocasiones la forma en que tratamos a nuestros hijos no corresponde al respeto con el que tratamos a los adultos.

Erróneamente se puede pensar que por ser niños o jóvenes tienen pocos o menos sentimientos que los adultos. Otras veces aunque no se piense así, se actúa como si a menor edad correspondiera menor dignidad y sentimientos.

Como padres esperamos que nuestros hijos nos respeten y sepan respetar a los demás, sin embargo, ¿los respetamos nosotros a ellos en la misma medida?

Es importante tratar a nuestros hijos con la debida consideración y respeto si queremos llevar a cabo una acción educativa eficaz y una convivencia armoniosa, pues de lo contrario, a medida que crecen será más difícil.

Algo muy importante a tener en cuenta es que nuestros hijos tienen sentimientos y reacciones que dependen en gran medida de nuestra actitud hacia ellos.

Cuando les hablamos con altivez, los avergonzamos en privado o en público, o los atropellamos con órdenes incomprensibles para ellos, empezamos a levantar barreras que dificultan la relación. El respeto hacia nuestros hijos

Por el contrario, cuando los tratamos con el mismo respeto que a cualquier persona, los hacemos sentir tan importantes como un adulto, dignos de la misma consideración y establecemos una buena comunicación con ellos.

“El respeto que les tenemos a los hijos, se manifiesta en la calidad del trato que les otorgamos y en la atención que ponemos en tratar de no invadir sin permiso sus espacios de autonomía”.

Las dos grandes razones que justifican la necesidad de dar a los hijos un trato basado en el respeto son:

1. Los niños tienen sentimientos igual o más intensos que nosotros.

Los niños responden a los estímulos que reciben. Cuando se les otorga un trato considerado, reaccionan con actitudes positivas de colaboración. Cuando reciben un trato irrespetuoso o desconsiderado, terminan asumiendo conductas negativas, irrespetuosas y hasta agresivas.

Una frase amable para pedirles algo, les anima a colaborar. Lo contrario sucede con una orden autoritaria y llena de reproches, pues al sentirse maltratados, probablemente tengan ganas de desobedecer.

2. Los niños aprenden a relacionarse y a comportarse por imitación y por contagio.

Los niños absorben o aprenden de las ideas, actitudes y sentimientos que les rodean. Si han recibido un trato respetuoso y considerado de parte de sus padres, eso imitarán. Pero si en su casa ha imperado un ambiente de falta de respeto, desconsideración y autoritarismo ¿qué forma de relacionarse habrán aprendido?

Hablar de respeto y consideración, no significa ceder antes las exigencias de los hijos, o nunca contrariarlos. Solamente que no es lo mismo insultar, maltratar o avergonzar que amonestar, orientar e informar.

Tengamos presente que las palabras son una valiosa herramienta para transmitir a los hijos sentimientos de aceptación y de respeto.

Fuente: José María Lahoz García, Pedagogo,
Con información de www.solohijos.com

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