Gabriel* cree que ser maestro es algo muy sencillo, por primera vez en su vida se parará frente a un grupo de niños. Las manos le sudan y las piernas le tiemblan, pero como él dice que es fácil, seguramente logrará calmarse así que no hay de que preocuparse. Además qué tan difícil puede ser enseñarle a un grupo de segundo año de primaria la sustracción, eso es cosa de niños para el maestro Gabriel (bueno eso es lo que cree) ...
El maestro del grupo no ha llegado aún, así que tendrá que empezar sólo.
Gabriel -¡Buenos días niños!
Ups, parece que nadie le hace caso, sus alumnos están dispersos por todo el salón, corriendo, saltando, gritando, en fin son niños y eso es lo que normalmente hacen.
Gabriel -Buenos días niñooooos
Se ha de ver desgarrado la garganta con ese grito, ahora si que están atentos.
Gabriel -Yo soy su maestro, así que por favor les pido que me pongan atención.
Los niños han movido su cabeza aceptando lo que su profesor les ha dicho.
Gabriel -¿Alguien me puede decir que es la sustracción o qué creen que sea?
Nadie ha levantado la mano.
Gabriel -Bueno, la sustracción no es más que la resta y ésta consta de un minuendo y un sustraendo...
Los niños no parecen comprender nada de lo que su maestro menciona y optan por empezar a murmullar entre ellos, algunos se están riendo de lo que pasó ayer a la hora del recreo, sin embargo nuestro profesor no se ha percatado de ello. ¡Hasta que de pronto!
Gabriel -Pongan atención porque al que no lo haga lo mando a la dirección.
Para empezar su primera amenaza represiva causó el efecto esperado. En el salón no se escucha ningún ruido.
El maestro Gabriel pone en el pizarrón la siguiente operación.
4 - 5 =
Gabriel -Haber niños, ¿ Cuánto es cuatro menos cinco?
N1 -Maestro, eso no se puede hacer ¿o si?
Gabriel -Claro que se puede.
Nuestro estimado profesor ríe, pues piensa que sus niños están un poquito desubicados en eso de las Matemáticas.
Vuelve a preguntar lo mismo y todos contestan exactamente igual
Ns (En coro) -¡No se puede maestro!
Observa el pizarrón y se da cuenta de su garrafal error, se sonroja, se queda callado.
Que frustración siente, no sabe qué hacer; seguramente fueron los nervios.
Al acabar el día ya no quiere ser maestro pues se siente muy desanimado, ahora sabe que ser maestro es más que dar un buen tema.
Está sentado en la banca de un parque y sólo se arrepiente de la hora en que decidió ser maestro. De la bolsa del pantalón saca la carta de un niño que se la dio justo al momento de sonar el timbre de salida. La abre. ¿Qué es lo que observo?; se le están mojando los ojos y una lágrima le acaricia el rostro. Ah ya veo, es simplemente el mensaje de un niño que con toda la sinceridad del mundo escribió “Para el maestro Gabriel, de Jorge Luis: Al mejor maestro del mundo...”
A pesar de las carencias que tengamos y los errores que cometamos
Para ellos siempre seremos, “Los mejores maestros del mundo...”
* Nombre ficticio