Hace tres años tuve a mi cargo un grupo de primer grado de primaria, como suele suceder a esta edad, los niños buscan siempre la protección de su maestra quien viene a suplantar a su mamá dentro de la escuela.
Mis alumnos acostumbraban quejarse de todo:
- Me quitó mi lápiz -
- Ya se pasó de su mitad de banca que le toca -
- Me embarró algo verduzco que tenía en la nariz -
- Me está viendo feo-
Por esta razón les prohibí hablar, durante un día no podían decir nada, pasara lo que pasara.
Y sucedió que al terminar su recreo entraron al salón y comenzaron a gritar, lo hicieron tan fuerte y tan disparejos que no entendí lo que decían, y como ya tenían un castigo por hablar tanto, los volvía a castigar y regañar, pero uno de ellos me hacía señas desesperadas que yo no entendía detrás de mí y al volverme para mirar ¡Vi una araña enorme que se dirigía hacia mí!, las arañas son los animales que más horror me dan, sentí tanto miedo que grite todavía más fuerte que ellos y salí corriendo del salón, en el pasillo tropecé con el profesor de computación que llevaba sus sopes y refresco en la mano y como no pude detenerme choqué con él y los dos caímos al suelo con todo y los sopes y el refresco.
A partir de ese día escuchó a todos mis alumnos y procuro pasar por donde no hay sopes.
Fuente:Se Piensa